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    El vértigo posicional paroxístico benigno es el más frecuente de los síndromes vertiginosos que tienen su origen en el oído interno. Tiene una prevalencia de casi un 20% en la población anciana.

    Se manifiesta con sensación de giro o movimiento del entorno con los cambios de posición de la cabeza, especialmente en estas circunstancias: al hiperextender el cuello (mirar hacia el techo), hiperflexionar el cuello (mirar hacia el suelo para recoger algún objeto), al tumbarse sobre la almohada y al incorporarse de la cama. 

    Cuando su grado es severo, puede manifestarse durante todas las actividades diarias, como caminar en la calle, trabajar en el ordenador, hacer las tareas domésticas, etc.

    Su causa es el desplazamiento de unos cristales de sal (otolitos de carbonato cálcico) desde una parte del laberinto del oído interno en la que no provocan estimulación errónea (la mácula del utrículo) hacia otra parte del laberinto en la que sí excitan a receptores inadecuados (canales semicirculares).

    Ello ocurre tras movimientos bruscos, posiciones forzadas prolongadas, traumatismos sobre el cuello o la cabeza, sometimiento a vibraciones intensas, enfermedades múltiples del oído interno o de manera idiopática.

    El VPPB suele mejorar de manera espontánea en un espacio de tiempo de uno o dos meses. Si las molestias no desaparecen o se precisa una mejoría temprana porque la sintomatología es severa, el tratamiento consiste en realizar maniobras de reposicionamiento canalicular, con el fin de desplazar los otolitos a su lugar de origen y colaborar a que se disuelvan en el líquido del interior del oído intero.

    Los otorrinolaringólogos realizamos un diagnóstico de este tipo de vértigo mediante maniobras de provocación, llamadas de Dix-Hallpike y ayudamos a su resolución mediante las maniobras citadas anteriormente, las más frecuentes las de Epley, Semont y Lempert.